La Casa de Moreira

Una casa es un espacio para habitar. Los que la habitan pueden ser o no familia pero en algún lugar esos habitantes se rozan, se reúnen, se agrupan como socios participes de un pequeño o gran porcentaje de un sueño común.
La Casa de Moreira esperaba llenarse de sueños cuando allá por 2011 abrió sus puertas. Era, es, un deseo largamente acariciado desde que el primer alumno llegó. Hoy, muchos rostros e intenciones, todas amorosamente concebidas, comienzan a poblar la casa para no dejarle ni un solo hueco de silencio. Son las voces de colegas y profesionales de otras ramas vinculadas al quehacer teatral y artístico en general que acercan ideas, que preguntan el qué, el cómo y el cuándo y que desean aumentar, completar, incorporar a mi sueño, sus sueños.
Da como un vértigo saberse apreciado y saber que uno tiene la posibilidad de dar y recibir los diversos formatos del amor al teatro, todos concebidos desde la excelencia de sus trabajos y desde una mirada no común pero sí empática respecto de ese hecho efímero, maravilloso y ritual que es una puesta en escena, un texto dramático, una clase de lectura, de efectos de recepción o la indagación de un autor en particular.
Hoy, amigos, puedo decir que mi sueño toma forma y que mi casa se puebla de presencias inesperadas y a la vez anheladas secreta e inconscientemente y eso que es bueno para mí seguro lo será para el teatro y para quienes se suman. No hay posibilidad alguna de que las buenas intenciones lleven a mal puerto, pueden no dar el éxito rotundo que es efímero como toda gloria terrena pero llenan el alma de amorosos trazos, dan forma al sueño.
La casa está abierta, preparada y las puertas se abren para recibir a todos aquellos que de buena voluntad deseen ofrecer algo para que sus sonidos sean más y mucho más heterogéneos, pues en la diversidad de ideas reside una parte de la sabiduría.
Casa y comida, era el pedido del peregrino, o el viajero a cambio de su trabajo o sus servicios temporales. Mi abuelita me decía que lo más importante era asegurarse el techo. Venimos de la cueva, el útero, la caverna, la choza, la casa. Siempre soñé con un lugar donde pudiera dar rienda suelta a los deseos de realizar mis proyectos.
 

La vida y la profesión me llevaron por distintos caminos. En un momento luego de haber bajado a mis infiernos. Renací. Conocí el amor de mi mujer y juntos decidimos parir este deseo compartido.
Un lugar que nos cobijara no solo a nosotros sino a quienes como nosotros, buscan expresarse, explorar, descubrir y comunicar a otros sus vivencias y su aprendizaje de vida.
Así buscamos este lugar físico, que nos enamoro por su historia centenaria, sus maderas, mármoles, balcones y puertas. Su luminosidad y espacio en medio del centro de Bs. As., donde Josefina, mi mujer, también pudiera dar a luz sus obras pictóricas. Y luego de reciclar algo del todo para conjugar lo antiguo y su funcionalidad con el proyecto, nos echamos a volar…
Pronto muchos comenzarán a volar con nosotros y como una bandada que migra por el camino del Arte completaremos un sueño para soñar otro y otro y otro más y elevarnos así como sujetos de buena voluntad que pueden soñar juntos muchos sueños diferentes.

¡Un abrazo fuerte!
Jose y Edgardo